Saturday, 7 August 2010

El Factor Fama (Mercedes Odina y Gabriel Halevi)


¿Es posible alcanzar la popularidad sin haber hecho nada digno de mención? ¿Por qué los políticos se parecen cada vez más a los actores, y los actores desempeñan papeles políticos? ¿Se puede llegar a ser un cantante mundialmente conocido sin saber cantar ni tener ningún conocimiento de música?
¿Es posible que un publicitario sea considerado un genio creativo, y que el genio de un gran pintor sólo sea reconocido mediante una brillante estrategia publicitaria? Sí. Todo esto y mucho más es posible porque estamos viviendo en la sociedad del espectáculo, una sociedad del puro presente, convertida en una gran función de sesión continua, donde todo puede hacerse realidad; donde los ciudadanos, reducidos al papel de enorme audiencia ávida, exigen una producción incesante de «entretenimiento», disfrazado o no de actualidad. Las gigantescas dimensiones que ha alcanzado la sociedad de telespectadores han convertido a la Fama en un monstruo de mil cabezas dedicadas a colmar de diversión el tiempo vacío del público. Y a las puertas del siglo XXI, la justificación de la existencia parece encontrarse solamente en el intenso y cegador foco mediático. El antiguo dilema «ser o no ser» ha sido sustituido por el más moderno del «estar o no estar». ¿Es la fama el nuevo patrón oro con el que todo puede medirse? ¿Se han reducido nuestros ideales al deseo devorador de ser iluminados, aunque sólo fuese por un instante y en un puro simulacro, por los focos mediáticos? Ésa es la cuestión. Los autores de este ensayo despiadado e inteligente sobre uno de los más universales fenómenos de la contemporaneidad, escriben desde el vientre mismo de la ballena.
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El fenómeno de la fama es tan antiguo como la sociedad, pero en una cultura caracterizada por la incidencia de los medios de comunicación ha adquirido unas connotaciones tan especiales como llamativas.

En esta obra, finalista de la última edición del premio Anagrama de Ensayo, Mercedes Odina y Gabriel Halevi diseccionan la fama tal como se da en la actualidad, muestran la variedad de formas que reviste, las leyes por las que se rige, los mecanismos que la alimentan, los resortes humanos que la ponen en funcionamiento, así como los elementos culturales que explican las características que hoy ha adquirido.

El factor fama deja bien sentado que la celebridad tiene hoy poco que ver con el valor de la obra hecha, sino que responde a los mecanismos de la publicidad y el marketing. El propósito prioritario se centra en el reconocimiento de un objeto por parte del público. El objeto puede ser un producto de limpieza, pero también un político, un pintor, una supermodelo, una cantante, un futbolista, un presentador de informativos o una actriz. "El reconocimiento social no se consigue ya a través del verbo hacer, sino a través del verbo APARECER". Por eso, llegar a ser un personaje célebre es, sobre todo, cuestión de insistir... La televisión se ha convertido, de este modo, en el más fiel aliado de la fama contemporánea.

Una ventaja de la fama conseguida es que posee una gran potencialidad para convertirse en dinero contante y sonante. Esto es así porque hoy en día puede hablarse ya de una industria de la fama. Una muestra de la convertibilidad de la fama en dinero es O.J. Simpson: su, en este caso, mala fama -de sospechoso de asesinato- le permitió compensar el coste de los juicios por el sistema de registrar como marcas los nombres "O.J. Simpson" y "O.J.", que se imprimían en camisetas, cromos, recordatorios y otros artículos.

Pero no todo es de color de rosa en el mundo de los famosos. Todo el mundo sabe del trágico final de John Lennon o, más recientemente, de Gianni Versace. Sin llegar a casos tan extremos, resulta más habitual la necesidad del famoso de protegerse del público y de los paparazzi. Es el precio de la fama...

Mercedes Odina y Gabriel Halevi muestran que ser famoso no dice nada en términos de bondad, valor o mérito. Lo que cuenta ahora no es hacer bien las cosas o esforzarse por conseguir algún bien arduo, sino simplemente gozar de buena imagen y, a través de ella, incrementar los dígitos de la cuenta corriente. Muchos no dudan en apelar a los sentimientos humanitarios como refuerzo de la buena imagen. Asistimos, de este modo, a un mundo de "famosos con causa": desde las minas antipersonales hasta la conservación de las focas, pasando por la lucha contra el SIDA.

Los autores interpretan la alocada carrera por la notoriedad que presenciamos desde dos perspectivas. Desde el punto de vista de quien aspira a la fama, la intensidad con que se anhela parece responder a la necesidad de salvar la propia identidad, rescatándola del insufrible anonimato de la sociedad de masas. Por otra parte, la atracción que las masas experimentan por los famosos parece responder a la pobreza de horizontes del consumista hombre-audiencia.